Arepas y hogazas

Perdido en tu mirada,
el azote de tus ojos
es una cruz que cuelga de mi costado,
te tengo instalada
en las vértebras de mi estatura,
mis manos anhelan tu cintura
y mis besos se dilapidan en tu cuello,
quisiera flanquear tu contorno,
trepidar en tu pecho,
morder tus dedos,
pero me deshago de espera
a las puertas de un beso
que se deshilvana
en la distancia.

En mi andén vacío
tu partida es un pasajero
que ha olvidado su equipaje;
por eso ante mi bailas esmeralda perdida,
me prendes con tu aliento de fresas y fulgores,
me alimento en tu mano de arepas y hogazas,
disfruto con sólo mirarte
y soy cántaro roto de sólo tocarte.

He vivido dos veces tu vida;
una sin saber de ti,
otra para amarte,
soy un montón de frases y anatemas
un amasijo de cuerdas,
cuatros, charangos y quenas,
llegaste a mi demasiado temprano
en la intensidad de mi crepúsculo
justo cuando la vida
te perdona y ya casi
te olvida.

 

Para Antonietta, mi princesa

No soy

No soy un juego,
soy un canto,
soy de esperma y de trapo,
un juguete,
que te parte el alma.

No soy silente,
estoy hecho de silencio,
soy una parcela incediada,
la ralea de la tierra,
la terraza en que te enreda tu destino.

No soy un acertijo,
estoy lleno de semblanzas,
soy labrantía y hera,
martillo y hoz de labriego,
soy de pan y de ceniza,
la luz que escampa en tus pupilas.

No soy un sueño,
soy carne, soy sexo,
soy de juerga y soy de vino,
soy de tierra y soy de escarcha,
soy de tiempo y soy de estancia,
soy el hombre,
que te quita el habla

Aquí estamos

Aquí estamos,
“las masas” nos llaman,
tenemos las mil y una caras de la penumbra,
somos los cientos de rostros sofocados por la ubicuidad de las armas.

Estamos dispuestos a sacrificar el miedo por venganza,
y a parir a nuestros hijos a la sombra de un ventanal destrozado.

No tenemos nada que perder excepto la sonrisa desgastada,
excepto la gran acumulación de noches de ojos abiertos
y la multitud de muertos arrumbados en el alma.

Creemos que lo justo no se mide en onzas
y que la miseria es verdad debajo de las camas.

No tenemos niños para los altares
ni hombres para las trincheras oligarcas,
estamos de pie a pesar de la vida,
resueltos como madres,
y no tenemos miedo porque no nos queda,
tampoco tenemos cañones,
sólo piedras asesinas, y un rencor amaestrado.

Ahora vamos por ustedes,
a recorrer con pasos gigantes sus suelos vitrificados,
sus sedas hechas cortinas
y la comida desperdiciada sobre los muebles,
buscamos senderos y atajos que fueron expropiados,
buscamos los cuerpos de aquellos que murieron primero,
y a cualquiera de nosotros que esté todavía arrinconado.

Vamos a cambiar las cosas,
al menos vamos a teñirlas de sangre,
al menos nos van a escuchar
como si fuéramos un cántaro de barro en la lluvia,
un disparo de hambre en el silencio,
un silencio de cobre en medio de la lucha.

Tu sonrisa

Tu sonrisa
es un caudal
de ríos
embravecidos,
un espléndido aguacero,
una lluvia de pétalos y semillas,
es una vertiente
que baja en un hilo de humus
sobre la faz de mi tierra,
alimento
para el sembradío desolado
del labriego que
acostumbra a la sombra del olvido
a alimentar a las palomas
de su parque decolorado
por el paso del tiempo
y la crisis del desamparo,
pero llegas tú,
con tu sonrisa encrispada,
a regar de flores
la tierra enmudecida,
a salpicar de pístilos
los girasoles marchitos,
a nombrar con tu aliento,
la vida que queda y que sobra,
para volver
a ver germinar
mi labrantía
para llenar de mieses,
la parcela de mi alma,
que otra vez,
resuena,
como resuena el río
que lleva el caudal
de tu alma.

para Priscila

Twins Towers

Vino…y era el mismo cielo el que cayó sobre los hombros de la inmensidad de la moneda de la vida,
¡nuestro dólar!, ¡nuestra comida!

Dos hermanos hinchados de muerte y maravillas
mordieron los dientes de un mastín plenipotenciario,
pero ha sido tanta la sangre que de feliz sólo me queda el gesto.

Arena sobre arena se derrumbó nuestro castillo
y en desvestirse se sacó carne, piel y huesos.

Debería sonreír pero tengo atragantados los miles de muertos invitados.

Le ha dolido a quien más dolor nos ha parido,
centavo a centavo parecen saldarse todas sus deudas con nuestros deudos.

Maldito Estados Unidos, te odio y te desprecio por sembrar la muerte entre los nuestros,
pero te aborrezco más por sacrificar de pánico a tus propios hijos
los pequeños,
los que ignoran que tu sales por las noches a robar lo ajeno del ganado.

Centavo a centavo enterrarás tus muertos
y gota a gota voy a llorar por ellos,
pero a ti,

a ti

voy a enterrarte aviones en los huesos!!

Vicarios/Sicarios

Sentados sobre los anillos de la palabra,
de rodillas ante los zarcillos del poder,
dos hombres negros,
como cisnes deformes,
vestidos de cuervo,
hablan con voz propia
y con sus propias manos
abren la encrucijada de la suerte,
frente a los ojos de todos los rostros
de nuestra profunda y querida miseria.

Divinos como hormigas,
benditos como piedras,
los sicarios de la omnipresencia,
en nuestro camposanto,

son vicarios de la mierda.

Te veo

Me amaba,
con una sonrisa me amaba,
con una mirada cubría de rosas
la distancia que hubo entre sus labios y mi beso,
con una palabra
depositaba su corazón como una ofrenda
y yo sin verlo,
yo que estaba palpitando en sus sienes,
yo que estaba acurrucado en su alma y dormido en su pecho,
yo que habitaba en los rincones de su cuerpo

Porque para mí era inabarcable,
elevada en su estatura,
de una delicadeza nocturna ajena, lejana
en un lugar donde la belleza
te toma, te alza
mientras te deshoja el alma de sólo mirarla

Por eso fabriqué un verso,
una teoría de su universo,
para poder amarla desde lejos,
por eso la guardé aquí dentro
como un ramo de rosas
para el obituario de un recuerdo….

Pero ha vuelto,
sentada frente a mi
abrazada de mis huesos
camina ahora descalza por mi cuerpo
escalando cada saliente
repartiendo vino y libando besos
escanciando el placer en todos sus cuencos y mis tiestos
ahora que se avecindó en mi alma,
y acaba de clavar su bandera en mi pecho.

Ahora yo, la veo,
la veo.

Para María José