No soy

No soy un juego,
soy un canto,
soy de esperma y de trapo,
un juguete,
que te parte el alma.

No soy silente,
estoy hecho de silencio,
soy una parcela incediada,
la ralea de la tierra,
la terraza en que te enreda tu destino.

No soy un acertijo,
estoy lleno de semblanzas,
soy labrantía y hera,
martillo y hoz de labriego,
soy de pan y de ceniza,
la luz que escampa en tus pupilas.

No soy un sueño,
soy carne, soy sexo,
soy de juerga y soy de vino,
soy de tierra y soy de escarcha,
soy de tiempo y soy de estancia,
soy el hombre,
que te quita el habla

Aquí estamos

Aquí estamos,
“las masas” nos llaman,
tenemos las mil y una caras de la penumbra,
somos los cientos de rostros sofocados por la ubicuidad de las armas.

Estamos dispuestos a sacrificar el miedo por venganza,
y a parir a nuestros hijos a la sombra de un ventanal destrozado.

No tenemos nada que perder excepto la sonrisa desgastada,
excepto la gran acumulación de noches de ojos abiertos
y la multitud de muertos arrumbados en el alma.

Creemos que lo justo no se mide en onzas
y que la miseria es verdad debajo de las camas.

No tenemos niños para los altares
ni hombres para las trincheras oligarcas,
estamos de pie a pesar de la vida,
resueltos como madres,
y no tenemos miedo porque no nos queda,
tampoco tenemos cañones,
sólo piedras asesinas, y un rencor amaestrado.

Ahora vamos por ustedes,
a recorrer con pasos gigantes sus suelos vitrificados,
sus sedas hechas cortinas
y la comida desperdiciada sobre los muebles,
buscamos senderos y atajos que fueron expropiados,
buscamos los cuerpos de aquellos que murieron primero,
y a cualquiera de nosotros que esté todavía arrinconado.

Vamos a cambiar las cosas,
al menos vamos a teñirlas de sangre,
al menos nos van a escuchar
como si fuéramos un cántaro de barro en la lluvia,
un disparo de hambre en el silencio,
un silencio de cobre en medio de la lucha.

Tu sonrisa

Tu sonrisa
es un caudal
de ríos
embravecidos,
un espléndido aguacero,
una lluvia de pétalos y semillas,
es una vertiente
que baja en un hilo de humus
sobre la faz de mi tierra,
alimento
para el sembradío desolado
del labriego que
acostumbra a la sombra del olvido
a alimentar a las palomas
de su parque decolorado
por el paso del tiempo
y la crisis del desamparo,
pero llegas tú,
con tu sonrisa encrispada,
a regar de flores
la tierra enmudecida,
a salpicar de pístilos
los girasoles marchitos,
a nombrar con tu aliento,
la vida que queda y que sobra,
para volver
a ver germinar
mi labrantía
para llenar de mieses,
la parcela de mi alma,
que otra vez,
resuena,
como resuena el río
que lleva el caudal
de tu alma.

para Priscila

Twins Towers

Vino…y era el mismo cielo el que cayó sobre los hombros de la inmensidad de la moneda de la vida,
¡nuestro dólar!, ¡nuestra comida!

Dos hermanos hinchados de muerte y maravillas
mordieron los dientes de un mastín plenipotenciario,
pero ha sido tanta la sangre que de feliz sólo me queda el gesto.

Arena sobre arena se derrumbó nuestro castillo
y en desvestirse se sacó carne, piel y huesos.

Debería sonreír pero tengo atragantados los miles de muertos invitados.

Le ha dolido a quien más dolor nos ha parido,
centavo a centavo parecen saldarse todas sus deudas con nuestros deudos.

Maldito Estados Unidos, te odio y te desprecio por sembrar la muerte entre los nuestros,
pero te aborrezco más por sacrificar de pánico a tus propios hijos
los pequeños,
los que ignoran que tu sales por las noches a robar lo ajeno del ganado.

Centavo a centavo enterrarás tus muertos
y gota a gota voy a llorar por ellos,
pero a ti,

a ti

voy a enterrarte aviones en los huesos!!

Vicarios/Sicarios

Sentados sobre los anillos de la palabra,
de rodillas ante los zarcillos del poder,
dos hombres negros,
como cisnes deformes,
vestidos de cuervo,
hablan con voz propia
y con sus propias manos
abren la encrucijada de la suerte,
frente a los ojos de todos los rostros
de nuestra profunda y querida miseria.

Divinos como hormigas,
benditos como piedras,
los sicarios de la omnipresencia,
en nuestro camposanto,

son vicarios de la mierda.