Arepas y hogazas

Perdido en tu mirada,
el azote de tus ojos
es una cruz que cuelga de mi costado,
te tengo instalada
en las vértebras de mi estatura,
mis manos anhelan tu cintura
y mis besos se dilapidan en tu cuello,
quisiera flanquear tu contorno,
trepidar en tu pecho,
morder tus dedos,
pero me deshago de espera
a las puertas de un beso
que se deshilvana
en la distancia.

En mi andén vacío
tu partida es un pasajero
que ha olvidado su equipaje;
por eso ante mi bailas esmeralda perdida,
me prendes con tu aliento de fresas y fulgores,
me alimento en tu mano de arepas y hogazas,
disfruto con sólo mirarte
y soy cántaro roto de sólo tocarte.

He vivido dos veces tu vida;
una sin saber de ti,
otra para amarte,
soy un montón de frases y anatemas
un amasijo de cuerdas,
cuatros, charangos y quenas,
llegaste a mi demasiado temprano
en la intensidad de mi crepúsculo
justo cuando la vida
te perdona y ya casi
te olvida.

 

Para Antonietta, mi princesa